Lo Que Callamos Los Plomeros...

Sábado a las 7:48 de la noche justo cuando empiezas a disfrutar por fin el olor a fin de semana, ley de Murphy entra en acción; suena el teléfono y hay que dejar lo que sea que se esté haciendo en el momento para salir corriendo a reparar una fuga al otro lado de la ciudad. 

Y es que las fugas son canijas, no respetan el día ni la hora y suelen verse muy monstruosas. Llegar al domicilio del cliente y saber de antemano que va a estar muy enojado, totalmente comprensible ¿a quién le causa algún tipo de alegría tener una fuga y agua chorreandose por el baño en pleno sábado?

Ni modo, hay que abrir la caja de pandora, echarse un clavado "literal" y tratar de entender que pasó, donde está el error y entender como se le da solución lo más rápido posible. ¿Que cuanto va a costar? pregunta el cliente,  es algo que me encantaría saber y ojalá dependiera de mí, cual cirujano hay ver que tan grave está la situación. 

Y luego se viene lo bueno, detectar la fuga, martillar, romper, mojarse, cubrir la fuga, asegurarse de que está sellada, que se seque, limpiar y luego abrir la toma de agua, y saber si el problema quedó completamente reparado; TODO eso cuidando que no se te bajen los pantalones, porque si se te llega a ver la raya caes automáticamente en el cliché. 

Se termina la revolución en el baño, y ahora si... "con el miedo de bailar con bertha" cobrar por la chamba y esperar el famoso "regateo" porque al cabo "ni me tarde tanto" como me han dicho algunos clientes; no es su culpa, sabemos de antemano que eso y muchas cosas más hacen que la profesión de plomería se desestime y es que también hay cada vato que se dice plomero y terminan haciendo mugreros que luego hay que ir a reparar en resumen: mala fama por todos lados. 

Pero también habemos unos cuantos que hacemos bien el trabajo, rápido y a la primera, puede parecer un trabajo sucio pero alguien tiene que hacerlo.